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Luz Thalía Blondet Linares [1]

Hace algunos días, camino al trabajo y en plena avenida Javier Prado, me vi rodeada de un mar de autos. El tráfico era lento e insoportable, estaba muy preocupada porque, por primera vez, llegaría tarde a la oficina. En aquellos momentos, en que los autos no avanzaban y los minutos se hacen largos e interminables, a pesar de mi intranquilidad, me pregunté: ¿Qué pasaría si alguna compañía decidiera “crear”, mejor dicho, inventar y darle vida al auto volador de aquella serie animada, muy emparentada con Los Picapiedra, que en los años 60 veía la generación de mis padres?

Saben a cuál serie me refiero, ¿no? ¡Acertaron! Me refiero a Los Supersónicos.

Recuerdo haber visto la serie un par de veces, pero desde que era niña hasta el día de hoy, no hay adulto que no conozca o tenga referencia de aquella emblemática y futurista serie animada creada por los genios William Hanna y Joseph Barbera. Pero ustedes se preguntarán ¿Qué relación existe entre Los Supersónicos y mi incomodidad ante el tráfico de esta ciudad?  Más aún, ¿Qué tienen que ver los Supersónicos con el Derecho? Muy simple, los avances tecnológicos de esta serie, van abandonando el ámbito de la ciencia ficción. Esa fantasía pasa a convertirse en una realidad. Las innovaciones y el avance de la tecnología nacen a partir de necesidades del hombre, tal como la comunicación entre las personas y las sociedades y ahora, recientemente, entre las cosas; las empresas innovadoras son las que realizan la función de crear dispositivos tecnológicos que mejoran y facilitan la vida laboral y las tareas domésticas, ahora sencillas.

En la actualidad, se puede ver que mucho de la tecnología de las películas o series futuristas, ya son una realidad en la sociedad a nivel mundial. En el caso específico de los Supersónicos, el visófono hoy en día vendría a ser el smarthphone (por ejemplo, las video-llamadas se pueden realizar a través del Iphone 4), también Robotina, hoy son los androides con Inteligencia Artificial (IA) que son capaces de entender una serie de problemas y tomar sus propias decisiones.

A todo lo mencionado se incluye el auto volador de los Supersónicos, el cuál no sólo es una proyección de ciencia ficción o de futuro muy lejano, sino que ya constituye, en la actualidad, materia de investigación y trabajo de compañías como la aeroespacial Terrafugia. Esta empresa viene desarrollando un auto volador denominado “Transition”, el cual es definido por dicha empresa como:

 “Un avión con carácter legal para la calle que puede entrar y salir de los aeropuertos de aviación generales. El vehículo de dos plazas puede desplegar sus alas y volar con una velocidad media de 160 km/h; puede conducirse dentro de la ciudad y funciona con combustible para automóviles. El auto/avión tiene un precio de 279.000 dólares, pero para poder adquirirlo, los usuarios deberán tener por lo menos una licencia de piloto deportivo, lo que requiere 20 horas de tiempo de vuelo”[2].

Este vehículo híbrido (mitad auto, mitad avioneta) puede ser pronto una alternativa para el gran tráfico automotriz, no solo en esta ciudad sino en todo el mundo. Sin embargo, desde el punto de vista jurídico, cabe preguntarse: ¿Qué repercusiones tendrá la llegada de este vehículo en el ámbito jurídico? ¿Cómo se legislaría? ¿Habría que modificar o ampliar las leyes? Es para pensarlo.

En primer lugar, dentro del tema de responsabilidad, los conductores que van a manejar, o en términos más exactos, pilotear este vehículo volador, es probable que requieran además de la licencia de conducir (porque pueden conducir por tierra), una licencia de piloto (o se emitirá una licencia dual).

Existe también la idea de desarrollar un auto volador sin piloto. Al respecto, Carl Dietrich, director ejecutivo y cofundador de Terrafugia, en entrevista a Teo Kermeliotis de CNN, manifiesta que “se está trabajando, además de Transition, con un nuevo prototipo de auto volador, llamado TF-X que no necesitará que el operador del vehículo tenga conocimiento o las habilidades de un piloto y quien deberá tomar decisiones importantes de alto nivel, como determinar si es seguro despegar o aterrizar”. Agrega “Una vez que estés volando, la operación real de todas las superficies de control de vuelo estarán controladas por computadora porque, francamente, la computadora puede hacer un mejor trabajo que un piloto” [3]. De concretarse este proyecto tecnológico, ¿Quién va a tener la responsabilidad respecto de los daños que eventualmente puede originar el vehículo? ¿El conductor-piloto o el fabricante de la computadora que maneja el vehículo? .

En el aire, los “conductores-pilotos” tendrán un control mínimo frente al vehículo y por ende, una responsabilidad restringida a acciones que le resulten imputables, dado que la regla general es que, cuando el vehículo despega la computadora que está conectada a la red de datos, es la que toma las decisiones de vuelo. En este último supuesto ¿Quién tendrá la responsabilidad en caso de accidente, el piloto-conductor o la computadora que controla el vehículo?

En la circulación por tierra, el escenario es distinto pues es el conductor-piloto quien tiene el pleno dominio de la conducción y en consecuencia, asumiría las consecuencias jurídicas de un accidente de tránsito. En estos casos, será el conductor quien responda por los daños a bienes o terceros que ocasione.

El auto volador puede caber perfectamente en un garaje como un auto normal, pero cuando “despegue” y “aterrice” posiblemente se necesite una pista para ambas acciones. Al respecto el Nuevo Diario Web destaca quetambién puede estacionarse dentro de un garaje con capacidad para un vehículo” [2]. Las personas que adquieran este vehículo requerirían un mini aeropuerto, no solamente en sus hogares sino también en supermercados, universidades, empresas, estadios, u otros espacios públicos, habrían de requerir estacionamiento preferencial como el caso de minusvalía, adicionalmente se complica porque los autos normales han de continuar con sus necesidades de trasladarse por medios terrestres, calles y carreteras estarán invadidas por carros, a menos que dejen de existir, lo que es poco probable.

También se encuentra el tema de la regulación, ¿Qué hará el gobierno ante este nuevo vehículo? ¿Cómo se trabajará un futurista nuevo plan de Transporte? ¿Existirán policías aéreos? ¿Se deberá ampliar o modificar las normas sobre Derecho Aeronáutico? ¿Bastarán las normas sobre aviones domésticos y helicópteros? Estas son preguntas que todavía no tienen respuesta y que dejamos planteadas para aquellos interesados en analizarlas.

Por lo pronto, falta mucho para que esta fantasía se haga plenamente realidad, mientras tanto, tendremos que conformarnos con autos convencionales y tolerar el tráfico de nuestras ciudades, aguardando pacientemente a que la Tecnología y el Derecho hagan su trabajo, cuando llegue el momento.

 

 

 

 

[1]Asistente Legal  en Secretaria General de Telefónica del Perú.

[2]http://www.nuevodiarioweb.com.ar/nota/cienciatecnologia/592714/como-supersonicos-se-viene-auto-         volador-2016.html

[3]http://mexico.cnn.com/tecnologia/2014/04/07/finalmente-llego-el-auto-volador-delos-supersonicos

(*) El presente artículo contiene la opinión personal del autor y no constituye opinión de las instituciones a las cuales se encuentra vinculado.