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Por: Santiago Alberto Macias Dancé

Hace algunos días, mientras hacia un viaje al interior del país tuve la oportunidad de disfrutar por décima vez una de las películas más representativas de la década de los noventas, la película Jerry Mcguire, cuya trama se centra en la vida de un representante de deportistas que es despedido sin ninguna causa de su empleo en una de las empresas de publicidad más prestigiosa de Estados Unidos.

Producto de este acontecimiento, el protagonista sufre una serie de peripecias: Su novia con la cual iba a contraer matrimonio lo abandona por haber sido despedido de la agencia de publicidad, tuvo que vender su auto e hipotecar su casa para poder financiar los gastos que le generaba representar al único cliente que le quedaba, y por último tenía que soportar la constante humillación por parte de sus colegas por la mala imagen que la empresa había difundido en su contra.

Es evidente que el despido injustificado del que fue víctima Jerry le ocasionó un daño, indudablemente este daño amerita un adecuado resarcimiento de conformidad con lo que establece el Convenio 158° de la Organización Internacional de Trabajo, Convenio sobre la Terminación de la Relación de Trabajo, que si bien no ha sido ratificado por el Perú, ha servido de fuente para que el legislador  en el artículo 34° de la Ley de Productividad y Competitividad Laboral determine que si el despido es arbitrario, el trabajador tiene derecho al pago de una indemnización equivalente a una remuneración y media por cada año de servicios con un tope de doce remuneraciones, como única reparación por el daño sufrido.

Sin embargo, ¿Esta indemnización tasada resulta suficiente para resarcir todos los daños que se le produjeron al Sr. Mcguire?

La respuesta a esta interrogante, pudo ser analizada por la Corte Suprema en la Casación Laboral N° 139-2014 La Libertad, sin embargo, en esta oportunidad la Corte se limitó a verificar si los fundamentos expuestos por la Sala en la sentencia de vista responden congruentemente al debate producido entre las partes dentro del proceso, en otras palabras analiza si la sentencia de vista vulnera o no el principio de congruencia procesal, sin entrar a analizar si corresponde el pago de una indemnización distinta a la reconocida en la norma laboral.

Lo cierto es que, la Corte Suprema debió aprovechar la oportunidad para determinar si la indemnización por despido arbitrario regulada en el artículo 34° de la Ley de Productividad y Competitividad Laboral resulta suficiente para compensar el daño producido por despedir injustificadamente a un trabajador; o si existen casos excepcionales donde se podría solicitar una indemnización por daño moral de conformidad a lo contemplado en el artículo 1322° del Código Civil.

Es importante, tener en cuenta otros pronunciamientos de la Corte Suprema donde sí se desarrolla la problemática del daño moral a causa de un despido; es así que, en la Casación Laboral N° 5423-2014-Lima, la Corte Suprema ha determinado que todo despido arbitrario, declarado como tal por un juez competente, no origina perse una indemnización por daños y perjuicios distinta a la prevista en la vía laboral, si es que no se establece y acredita la conducta dañina, agravada por la actitud maliciosa del ex empleador.

Entonces, si un ex trabajador solicita el pago de una indemnización por daño moral por la aflicción generada al quedarse sin empleo, esta debe ser declarada improcedente por un Juez, toda vez que la indemnización por despido arbitrario, incluye la aflicción generada por quedarse sin trabajo, es decir el daño moral que se le ha generado por el dolor de quedarse sin una fuente de ingresos de manera inválida, por lo que el Sr. Mcguire no podrá solicitar ninguna reparación a causa de tener una novia oportunista o por haber contraído deudas con entidades bancarias, estos supuestos daños colaterales no guardan relación con el despido injustificado, entonces ¿Por qué se le debe imputar al empleador daños que no tienen relación directa con el despido?

Por otro lado, la misma resolución señala que en los casos donde sea posible el pago de una indemnización por daño moral se tendría que acreditar la actitud maliciosa del ex empleador para que se ampare el pago de una indemnización por daño moral, la pregunta a esto es ¿Qué debemos considerar como actitud maliciosa? ¿Iniciar un procedimiento de despido que luego es declarado inválido por un Juez es suficiente para acreditar la actitud maliciosa? ¿Resulta sencillo para el ex trabajador probar algo tan subjetivo como la actitud del ex empleador dentro de un proceso judicial? Esperemos que en un futuro cercano, todos estos cuestionamientos sean resueltos por los magistrados y establezcan un criterio uniforme respecto al “supuesto” derecho que tendrían los trabajadores para solicitar indemnizaciones por daños extra patrimoniales.

En conclusión, independientemente de estar de acuerdo o no de la decisión legislativa de establecer un quantum indemnizatorio tasado para resarcir los daños ocurridos a causa de un despido arbitrario, lo cierto es que el Sr, Mcguire no podrá solicitar el pago de alguna otra indemnización distinta a la regulada en la Ley de Productividad y Competitividad Laboral, dado que los daños que hemos descrito no tienen conexión alguna con el despido (a pesar que en muchos casos los ex trabajadores suelen alegar daños como los ocurridos al Sr. Mcguire para justificar el pago otro tipo de indemnizaciones). El pago de una indemnización civil adicional a una por despido arbitrario constituye un pago indebido que no puede ser avalado por nuestros magistrados.